martes, 25 de octubre de 2011

Pastillas para evitar el Jetlag: 6€, billete semanal del bus: 40$, descubrir Bondi Beach en mi tercer día aquí, creedme, ¡no tiene precio!

Echando la vista atras he descubierto esta pequena entrada que no llegue a publicar. Espero que la disfruteis!

Muchos de los nuevos compañeros que estoy conociendo aquí han sufrido durante días el terrible efecto del Jetlag ¿yo? Qué va. He tenido suerte, o al menos la dormidina ha funcionado conmigo. Como os comenté, fue llegar y empezar a empaparme de esta gran ciudad, y al día siguiente, lejos de despertarme en plena madrugada, dormí hasta las doce. Fui a Information Planet, me presenté, y me ayudaron en todo lo que pude necesitar. Hicieron por mí el papeleo para conseguir la cuenta del banco, me indicaron qué hacer para solicitar mi código fiscal y sobre todo, me hicieron sentirme arropada, como en casa. Después de eso, un poquito de turismo, súper y a casa, a dormir otra vez como una bendita.

Cinco de octubre, miércoles, tercer día en Sydney y un billete de autobús que me permite ir donde me plazca dentro de la zona 1. ¡Excusrión a Bondi Beach! Después de anotar los teléfonos de algunos apartamentos con habitaciones libres cierro la puerta de casa y me dirijo hacia la estación. La emoción hace que no pueda evitar sonreir al saber que por fin voy a ver ese paisaje. La postal de la playa de Bondi con las alegres casas de colores de fondo me ha acompañado desde que decidí venir aquí por primera vez y hoy es el día. ¡Aunque sólo sea por este momento el largo viaje ya ha merecido la pena! Hay dos momentos en los que el pecho se me hinchó y, rebosante de felicidad, no puedo creer que esté en esta ciudad: cuando llegué a la Opera House y la primera vez que vi Bondi Beach. 

Iba sola, así que tampoco tenía mucha idea de cuál era la parada en que debía bajarme. Después de coger el tren en Banksia y hacer todo el trayecto de mi línea azul marino, cogí el autobús 333 hasta la playa. Había visto en el mapa que la Bondi road llegaba hasta la playa así que en cuanto vi que estábamos bajando por ella apreté el botón. Ahí estaba yo, paseando por Bondi Rd directa hacia la playa para descubrir si los colores en vivo son tan intensos como mis fotos. ¡Y son mejores! La calle hace una curva al final, cuesta abajo, cuando de pronto se abre la vista y descubres las olas de fondo. La misma imagen que había tenido en mi teléfono los últimos meses se abría delante de mí, con las olas rompiendo contra la orilla, los surfistas en sus neoprenos luchando por ellas y turistas y nativos sentados en la  admirando cómo consiguen cogerlas.


¿Sabéis que el picnic es casi deporte nacional en Australia? Los fines de semana parques y playas se llenan de familias, amigos y parejas que llevan sus manteles de cuadros y sus tentempies para tomarlos al aire libre. En Bondi, la playa está rodeada de una preciosa zona verde donde seguir disfrutando del mar. Cuando llegué, me senté allí, contemplando el mar y con mi agenda llena de números de teléfono de habitaciones a los que llamar.


Fue un día fantástico, recorrí la playa de arriba a bajo, visité algunas habitaciones terribles y tuve tiempo de descubrir impresionantes miradores. A cada paso que doy, me encandila cada vez mas esta ciudad. 



domingo, 16 de octubre de 2011

La inercia de la bienvenida

Cuando todo es nuevo parece que también descubres una parte de ti mismo que, o bien no conocias.o no recordabas que estaba ahi. Australia me ha dado la bienvenida con una sonrisa en los labios y los brazos abiertos, y el abrazo ha sido fuerte y firme, confortable y tierno. Pero despues de dos semanas acogida en su regazo me retiro para coger aire. Me siento en falta. Cojere papel y boli para reconstruir el esquema de control y tratare de que la inercia de esta bienvenida me lleve a mas momentos de ensueño, pero siendo capaz de despertar sin volver a quedar atrapada. Igual que los surfistas de mi playa aprenderé a dominar la ola, pero para eso siempre te toca sufrir el revolcón primero.

Ayer hice mi primera barbacoa en Bondi Beach. Aunque nuestra carne y cerveza era para cuatro, debíamos de ser cientos los que compartíamos la parrilla, el Sol y la playa. En Brasil dicen "Tirar a zica", que debe de significar algo así como refrescar el alma, o al menos así me lo explicaron en inglés. Y es que después de salir del agua fresca de Bondi, sin pensar en tiburones ni medusas con tentáculos de tres metros piensas "esto es vida..." y coges aire, de nuevo sin poder evitar la sonrisa, y te sientes preparado para lo que venga.

Hoy va a ser un gran día.

xxx

lunes, 10 de octubre de 2011

Mi primer día en la escuela

No sé si serían nervios, pero anoche no pude dormir hasta pasadas las doce, y es que hoy empezaba mi curso en SELC. ¡Primer día de clase! La escuela, la gente, el test... ¡Muchas emociones en un mismo día! 

El despertador ha sonado a las siete menos cuarto y a las siete y media Peter y yo estábamos saliendo de casa camino a Bondi. Como os dije, vivo en Banksia y mi línea de tren, la azul, es la que tiene su última parada en Bondi Junction. Después de cuarenta y cinco minutos de cómodo trayecto sin transbordos hemos llegado a la escuela, donde nos han recibido con un café, una sonrisa y mucha mucha gente. 

SELC está en Holliwood st. a tan sólo cinco minutos andando desde la estación de tren. Es un edificio grande, cuadrado y nuevo, con unas vistas impresionantes de Bondi en su tercera planta. Ahí es donde los profesores nos han reunido para darnos la bienvenida. 

Hasta las nueve hemos estado en la cafetería de la planta baja, conociendo a los demás estudiantes nuevos y tratando de salvar la barrera del idioma en muchos casos. Gente de Eslovaquia, Suiza, Italia, Brasil... Muchos con gran facilidad para hablar inglés, otros tirando del idioma universal de los gestos, pero todos predispuestos a entendernos. En cuanto terminamos el café, nos han subido a la segunda planta a una enorme sala llena de sillas y un discreto proyector para empezar con la bienvenida y la presentación de la escuela. Uno por uno, los profesores se han presentado y nos han explicado en qué consiste cada curso y las diferentes actividades que organizan cada semana. Después, nos han entregado nuestra tarjeta de SELC y un cuaderno y hemos pasado a las distintas aulas para hacer el test de nivel y la entrevista personal. ¡Mi primer examen desde que terminé la carrera! 

En la charla que tienes con el profesor, te pregunta algo sobre ti, por qué has venido a Australia y cosas por el estilo. Después hablas un poco sobre lo que quieres hacer en la escuela y puntúa tu speaking. En mi caso, después de unos cinco minutos hemos decidido que haré Business English ¿Qué os parece? ¡Me encanta la idea!

Al terminar, nos han dado un pequeño tour por las instalaciones y una sesión informativa para aquellos que han elegido Homestay y viven con una aussie family. Después de eso, tour por Bondi Junction ¡y a comer! 

Durante las charlas, de nueve a una, he conocido a un par de italianos muy graciosos, de Milán y Roma, que con esfuerzo conseguían explicarse en inglés, pero con los que he podido practicar mi italiano. ¡Ha sido un día de lo más productivo! Hemos comido juntos y supongo que mañana les volveré a ver en nuestra siguiente aventura: ¡encontrar piso en Bondi Beach!

Por la tarde hemos tenido la bienvenida de los españoles en Information Planet. Pero eso os lo contaré otro día, ¡Recomendable totalmente! Nos ha servido para aclarar algunas dudas sobre alojamiento, trabajo y, en general, la vida en Australia. Cosas tan básicas como dónde liberar el móvil o qué súper es más económico. Lo típico que no encuentras en las guías, pero que viene bien saber a la hora de vivir aquí. 

En fin chicos, mi primer día de escuela llegó a su fin. Toma de contacto. ¡Mañana empieza mi rutina australiana! Ya os diré cómo va mi Business English. ¡Deseadme suerte!

Keep in touch!

xoxo

miércoles, 5 de octubre de 2011

Amigos ¡estoy en Australia!

¡Buenas noches a todos! Al menos aquí en las Antípodas ya hemos pasado este fantástico día. Inauguro mi blog contándoos mi aventura atravesando el Mundo hasta llegar aquí.


El viaje fue largo, eso lo sabía, pero lo que no sabía era lo rápido que iba a pasar. El sábado 1 de Octubre cerraba la puerta de mi habitación en Madrid, "'¡nos vemos pronto!", y en el aeropuerto cogía mi primer vuelo hacia el Nuevo Mundo. Barajas - Madrid lo dormí prácticamente entero, y al llegar a Dubai a penas tuve tiempo de ver el aeropuerto. De nuevo en el avión, destemplada y tapada hasta la barbilla, volví a quedarme dormida como un tronco, y es que lo más duro estaba por llegar ¡Bangkok! Después de seis y siete horas de vuelos, qué mejor que ocho horas de escala para descansar del avión. Con el macuto a cuestas, el cual, evidentemente, duplicaba los supuestos siete kilos permitidos por la compañía, recorrí cada pasillo de este fantástico y moderno aeropuerto de Tailandia. Aproveché para cambiar mis euros por dólares australianos y, ya que estaba, me di el capricho de cambiar un poco también para desayunar. Al final, ese café se convirtió en una hora de descanso con un buen desayuno continental, un masaje Thai de 45 minutos y un sin fin de horas de shopping en busca  de una buena pashmina para luchar contra el frío en el último trayecto.

¡Conseguido! Dos días después, sí, pero el avión llegó a su hora y la maleta salió sin problemas. Mis compañeros del último viaje, un simpático chico español que volvía a Sydney para terminar su curso y una chica italiana, algo perdida, que se reunía con su novio nada más cruzar la puerta de salida, y yo, pasamos por el control policial, declaramos que no llevábamos nada de su particular interés en el equipaje ¡y por fin libre! ¡y en Sdney nada más y nada menos!


Entre abrazos y bienvenidas de parejas y familias que, intuyo, llevaban mucho tiempo sin verse, yo no conseguía encontrar a Libor, mi pick-up guy. Para darle más emoción, tampoco pude contactar con él con mi teléfono español así que aproveché para activar mi tarjeta australiana allí mismo. ¡Encantadora bienvenida la de Libor! Sonriente y con un sincero "no worries" al tratar de disculparme por hacerle esperar, fuimos directos a mi primera casa australiana, en Banksia. ¿Habíais oído hablar de Banksia? Yo no. Hasta que llegué aquí. Y os preguntaréis ¿qué tiene de emocionante Banksia? ¡Mi casa! ¡Somos doce! ¡Gente fantástica!


Reconozco que al principio fue un shock llegar aquí. ¡No podía ser de otra manera! Después de un año viviendo en Italia en un piso de estudiantes volví a mi fantástica, acogedora y limpita casa de Madrid. ¡Después de eso no es fácil volver a otra casa de estudiantes! Me duró un instante, en cuanto me di una ducha cogí fuerzas y empecé a sacar fotos, hice la cama con mis sábana y traté de poner lo más acogedor posible mi dormitorio.
¿Qué os parece? Junto a la cama hay un armario y un espejo vertical fantástico. A parte eso, nada. No había muchos metros que decorar, ¡así que fue fácil!


Como llegué temprano y conincidió que era fiesta nacional, mis compañeros estaban casi todos durmiendo. Me arreglé, me miré al espejo y me di cuenta de que empezaba mi nueva vida.

Un fantástico chico de logroño que había llegado a Sydney un par de semanas antes se había ofrecido a eseñarme el centro a mi llegada, así que le llamé y me presenté de buena gana a mi ciudad anfitriona. ¡Se portó de fábula! Buen tiempo, el aire fresco, ¡pero lucía un sol fantástico!, y buena gente. ¡Es cierto! ¡Todo el mundo es increíblemente amable! Un compañero de casa me acompañó a coger el tren, habíamos quedado en Town Hall. Llegué un poco pronto, así que al bajar en mi parada salí a descubrir la ciudad. ¡Aquí estoy Sydney!

Ya juntos, recorrimos George's street hasta Darling Harbour. Justo en la calle paralela está la oficina de Information Planet, donde debía ir al día siguiente, así que pasamos por allí antes para saber dónde dirigirme por la mañana. "¿Dónde quieres ir?" "¡A la Opera House!" Aquel fue el momento señores... Nos íbamos acercando al espectacular edificio blanco, con el Harbour Bridge de telón de fondo y ferries cruzando la bahía. This is Sydney!




¿Veis el paseo de la izquierda con las mesas y la gente sentada? Ahí estábamos nosotros unos minutos después, disfrutando de una cerveza fría y brindando por mi llegada. A partir de ahí el tour fue completo. Con explicación de cada lugar, los supermercados caros y los más asequibles, historias de su llegada... Sobre las cinco o las seis hicimos una parada para comer y acabamos comprando unos buñuelos en China Town. ¡Eternamente agradecida por la visita guiada!


Rendida por el viaje y la emoción, me quedé dormida en el tren de vuelta y me desperté a varias paradas de Banksia. Un par de bolsas con compras para desayunar al día siguiente y ráfagas de aire ahora más frío fueron mis únicos acompañantes los 20 minutos que me tocó esperar al siguiente tren. ¡No habría sido un día completo si no me hubiese dormido volviendo a casa como siempre!


¡Y eso es todo, amigos! Espero poder hacerme con esta ciudad pronto. ¡Hay tanto por hacer que una no sabe por dónde empezar! De momento Bondi Beach me espera, en busca de una nueva habitación y un trabajo con el que poder recorrer cada rincón de este mágico país. ¡Al menos lo que me de tiempo!

¡Os seguiré contando cómo sigue la vida al otro lado del Mundo!

Keep in touch!

xoxoxo